Alessandro
La observé mientras dormía.
No era mi intención. Había vuelto a mi estudio después de la cena con los Costello, la mente llena de la conversación, de la postura de Marco, de la evidente ambición de Ivan. Pero mis pensamientos seguían volviendo a ella. A cómo había manejado a Leo. A la calma fría que había demostrado bajo presión.
«Te subestimé».
Las palabras resonaron en el silencio de mi oficina. Odiaba admitir errores. Odiaba, sobre todo, ser sorprendido. Y ella me había sorprendid