De camino a casa, Ariadna plenamente consciente de que, para ese entonces, Leonardo Alzaga y la colonia de ratas que él lideraba ya estarían al tanto de su regreso. Y lo cierto era que aún no estaba preparada para enfrentar a Genoveva.
Por eso, decidió que no volvería a la empresa en los próximos días.
Al llegar a la casa, Giuseppe seguía ocupado en sus tareas.
—Voy a ver cómo va todo —anunció Máximo con una sonrisa—. ¿Crees que podré comer después? ¡Tengo hambre! —preguntó con tono burlón.
—Le