DAMIAN
Me miré al espejo por quinta vez en menos de diez minutos y solté una maldición. ¿Desde cuándo me importaba tanto qué camisa ponerme? pero ahora, la idea de pasar por Isabella a las ocho me tenía con el estómago revuelto. Era ella, mi Isabella y esta vez, ella no tenía ninguna obligación de sonreírme.
—Relájate Black, solo es una cita —le dije a mi reflejo, aunque sabía que mentía. Era mucho más que eso, era mi oportunidad de demostrarle que el tipo que la compró por cinco millones había