—Nadie va a tocar a mi hermana, par de bastardos corporativos, porque acabo de hackear el sistema de navegación del helicóptero de su jefa y en este preciso momento está aterrizando en el patio trasero de la estación de policía central.
Las palabras de Leo resonaron con la fuerza de un latigazo en medio del caos de cristales rotos.
El subfusil compacto en sus manos no temblaba. Su rostro, antes asustado, se veía frío, endurecido por la adrenalina de quien ya no tiene nada que perder.
El abogado