Mateo avanzó un paso. Con una parsimonia deliberada, metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta impermeable y sacó un documento doblado de alto gramaje. Era el acta de divorcio, el mismo papel que yo había firmado con lágrimas en los ojos bajo la presión del abogado de Leonor. Pero el documento ya no era una orden legal.
Con un movimiento brusco y ruidoso, Mateo agarró las hojas y las rasgó por la mitad frente a los ojos de Stefano, separando mi firma de la rúbrica de los Moretti. Lue