**Narrado por Noah**
El aire en el pasillo de la unidad de cuidados críticos de Siena parecía haberse vuelto denso, como si el oxígeno estuviera siendo succionado por un vacío invisible. Estaba en la puerta de la habitación de Emma, apoyado en el bastón de roble, observando a través del vidrio reforzado cómo sus dedos, marcados por las vías, se movían con una lentitud apenas perceptible. El monitor cardiaco emitía un pitido constante, un metrónomo de vida que me impedía desplomarme allí mismo.