—¡Ten más respeto por tu madre, Noah! —tronó mi padre, con esa voz autoritaria con la que solía dominar las juntas de accionistas—. ¿Qué demonios te pasa? Dejaste plantado al doctor Baldini en Milán, tiraste a la basura la única oportunidad de volver a caminar por regresar corriendo a esta hacienda a revolcarte con la enfermera. Stefano nos lo contó todo. Esta mujer es una impostora. Firmó el acuerdo de divorcio hace dos días en el sur, aceptó nuestro dinero para pagar las deudas de su miserabl