Narrado por Emma
La mañana en Val-de-Lune amaneció con una claridad hiriente. Sentados a la mesa del comedor, con el aroma del café recién colado y el crujir del pan caliente, todo parecía demasiado perfecto. Yo vestía una de las camisas de Noah, una prenda que me quedaba enorme pero que me hacía sentir protegida, mientras él revisaba unos documentos de la bodega. Sin embargo, la burbuja de intimidad que habíamos construido en su habitación se sentía frágil ante el peso de los secretos que aún