Narrado por Noah
El olor a antiséptico, a metal esterilizado y a ese aire helado y artificial de los quirófanos de la clínica de Milán me golpeó el rostro en cuanto abrí los ojos. Había evitado este momento durante meses. Había plantado al equipo médico, había roto los calendarios de citas y me había refugiado en la testarudez de mi silla de ruedas en Val-de-Lune, convencido de que mi invalidez era el castigo divino por mis errores del pasado. Pero hoy no estaba aquí huyendo de las sombras. Hoy