ADRIANO
La rabia me quemaba por dentro. Todavía podía sentir la voz venenosa de Ángela, cada palabra suya envenenando el aire a centímetros de Dalia. La forma en que la miró, con soberbia, con esa sonrisa de víbora… tuve que contenerme para no aplastarla ahí mismo frente a todos.
No. No se lo permitiría, jamás iba a permitir que una víbora como esa dañara a mi Dalia.
Cuando se marchó entre gruñidos, con la cola entre las piernas, mi único instinto fue girarme hacia Dalia. Su rostro aún estaba t