DALIA
La noche era un mar de sombras. Me desperté de golpe, con el corazón galopando en el pecho como si quisiera huir de mi cuerpo. Una sensación helada me recorrió la espalda: la certeza de que alguien me observaba desde el pasillo.
El miedo me mordió la piel, dejándome sin aire. Todo lo ocurrido horas antes me cayó encima de golpe: los disparos, el vidrio haciéndose añicos, Analía poniéndose frente a mí como un escudo, los lobos de Enzo destrozando a los intrusos. Mis oídos todavía recordaba