SARA BLACKSTONE
No voy a mentir: llevaba tres noches sin dormir. Tres noches en que Adriano no volvió a casa, y aunque trataba de convencerme de que era por trabajo, el instinto de madre me gritaba otra cosa. Conozco a mi hijo mejor que a nadie. Y cuando se ausenta, siempre hay un motivo.
Esa mañana, al ver abrirse el portón de la mansión, sentí que el corazón me iba a salir por la boca. Ahí estaba, impecable como siempre, pero con esa sonrisa en los labios que no veía desde que era un niño. Un