GAEL
Había disfrutado de muchas cosas en mi vida: el silencio perfecto de una ciudad a las tres de la madrugada, el sabor amargo del espresso que nadie más entendía, la sensación de poner la pieza correcta en un tablero que otros ni siquiera sabían que existía. Pero nada se comparaba con ese momento exacto en el que la verdad explotaba y la mentira quedaba hecha trizas delante de todos.
La primera plana llegó a la redacción como una detonación. No hubo un solo teléfono que no vibrara, ni una so