Cuando las dos mujeres se fueron, Máximo se giró hacia Helena. Su rostro estaba pálido, pero sus ojos brillaban con una determinación nueva.
—Lo siento —dijo. —Debería haber hecho esto hace mucho tiempo.
Helena lo miró, y por un momento, no supo qué decir. Todo lo que había planeado, toda la estrategia que había trazado para salir de ese matrimonio, se tambaleaba.
—Gracias —respondió finalmente. —Por defenderme.
—No es suficiente —dijo él, y su voz era casi un susurro. —Pero prometo que voy a i