Helena estaba en la biblioteca de la mansión, revisando el contrato que Valeria le había enviado. Sus dedos acariciaban el papel como si fuera un tesoro. Era solo un cuento. Una historia corta. Pero era el primer paso hacia su libertad.
El timbre de la puerta la arrancó de sus pensamientos. Escuchó la voz de la sirvienta abriendo, y luego un murmullo de voces. Reconoció esa risa. Esa risa que siempre la había perseguido.
Mónica.
Helena cerró el contrato y lo guardó en su bolso. Bajó las escaler