—¡No puede ser! —Exclamó Mauro al ver como el coche aceleraba. Leandro venía lejos, Daniele aún más, le habían avisado que la policía los interceptaría, pero seguían avanzando, sin que nada pasara—. ¡¿Por qué ese hombre sigue conduciendo?! — No quería que su madre llegara al aeropuerto y que las cosas se complicaran para ella, aún no tenía la noticia de que Fiorella vivía, pero si su madre era una asesina lo mejor era que se entregara a las autoridades, no que ahora se considerara una fugitiva.