—¿No vas a responder? — preguntó Chiara. Daniele y Dav juagan sobre la alfombra luego del almuerzo. El teléfono no dejaba de sonar, interrumpiendo su lectura.
—Es mi padre, ya se cansará de llamar.
—Contéstale—le sugirió Chiara.
—Mi abuelo se iba a reunir hoy con la otra familia, le habrán dicho que sus otros hijos quedan fuera y él estará llamando para insultarme, quejarse de la decisión—respondió Daniele.
—Bueno, que nada de eso importe. — Lo importante era que la noche anterior él y sus hermanos habían hecho las paces y que se quedaron bebiendo y de fiesta toda la noche y la madrugada, llegando Daniele a eso de las cuatro de la madrugada, por lo que solo se despertó para el almuerzo ya a medio día.
Su felicidad no sería interrumpida por una llamada de su padre.
Chiara estaba feliz por él, era importante para todos que los hermanos hicieran las paces y ya había sucedido.
Miraba su correo, comenzaba a estar ansiosa, porque el tiempo de selección no iba a ser tanto, entraba una y otra