—Voy a…—sus brazos la envolvían desde el mismo momento en que ella lo pidió, sin soltarla ni un solo segundo— a ponerme el pijama. ¿Me dejas?
—No puedo soltarte, Chiara—masculló.
—No iré a ningún lado.
—Pero tengo miedo de que me muerdas. Por eso no te puedo soltar.
—No dormiré con ropa, tú tendrás que soltarme también para ponerte tu pijama.
—¿Qué más da? Solo serán dos horas hasta que despierte Dav, ¿crees que importa el pijama o el pantalón? —Ella se quedó pensando—. ¿Qué crees? El tiempo pa