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Entre barrer y recoger, llenar bolsas, mirar cada cosa rota, no era agradable limpiar su propio desastre, pero reconocía que era mucho para la señora Ana.

—Maldición. Son muchas cosas—La casa estaba en completo silencio, solo interrumpido cuando él barría los trozos. Cansado de la manera lenta en la que la escoba y el recogedor intentaban sostener los trozos grandes, comenzó a tomarlo con las manos, no se dio cuenta cuando un trozo cortó su dedo, pero la sangre fue dejando manchas, hasta que él
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