Trish
La noche antes de la boda se suponía que debíamos pasarla separados.
Eso decía la tradición. Pero ¿cuándo hemos seguido las reglas nosotros?
Por eso, cuando me giré en la cama y sentí su calor junto a mí, no me sorprendió. No lo cuestioné.
—Dime que no estás aquí porque tienes miedo de que me escape —susurré, con los ojos aún cerrados.
Escuché su risa suave antes de que su brazo me envolviera la cintura, atrayéndome hacia su pecho desnudo.
—Si estuviera preocupado por eso, te esposaría a la cama.
Sonreí contra la almohada.
—Siempre tan dramático.
—Siempre tan tuyo —respondió, besando mi hombro.
Suspiré y me acurruqué más en él. Nunca pensé que estaría tan tranquila la noche antes de mi boda. No había nervios, no había dudas. Solo estaba él.
—¿Estás lista para ser la señora Queen? —preguntó, su voz ronca contra mi oído.
Me estremecí.
—No sé. ¿Hay beneficios?
—Claro. —Su mano se deslizó lentamente por mi espalda—. Desayuno en la cama, sexo garantizado de por vida y un esposo incre