Trish.
Un mes. Ya llevábamos un mes juntos. Y todo era tan perfecto que casi daba miedo. Nico y yo habíamos superado nuestras barreras, o al menos las que parecían más insalvables. Lo que más me sorprendía era lo fácil que resultaba estar con él ahora. Las dudas, las inseguridades, todo eso parecía un eco lejano de lo que alguna vez nos separó.
Pero había algo que no podía dejar de rondar en mi mente. Nigel.
Había pasado tanto tiempo desde la última vez que hablé con mi hermano. Desde que se fue a Nueva York, la comunicación había disminuido poco a poco, hasta desaparecer casi por completo. Y aunque sabía que la situación entre nosotros era complicada, el vacío que dejó su ausencia me pesaba bastante, sobre todo ahora que yo estaba siendo feliz.
Por eso, durante los últimos días, había intentado llamarlo. Varios mensajes, algunas llamadas, pero todo quedaba en el aire. Nada. Ninguna respuesta.
También logré hablar con Hannah, pero no quería empaparla de mis problemas. Era algo que de