Trish
El vuelo desde Milán hasta Nueva York había sido largo, más de lo que recordaba. El cansancio pesaba en mis hombros, pero aún así, no tenía tiempo que perder. Nigel no tenía idea de que estaba aquí. Eso era lo que más me inquietaba, lo que había estado evitando durante tanto tiempo. Intenté contactarlo de todas las formas posibles antes de tomar la decisión de venir, pero nada. Ni un mensaje, ni una llamada.
Pero no podía posponerlo más.
Al aterrizar, fui directamente a un baño del aeropuerto. No podía presentarme en su oficina con el aspecto de alguien que acaba de salir de un vuelo transatlántico. Me cambié de ropa rápidamente, optando por algo que me hiciera sentir un poco más segura de mí misma: un vestido sencillo, algo elegante. Me miré en el espejo, soltando un suspiro. Me recogí el cabello, lo peiné, y me maquillé lo suficiente como para no parecer agotada. Pero necesitaba una cama cómoda, dormí algo me sentía cansada.
Cuando estuve lista, salí y tomé un taxi, dándole al