—Esto ya… ya es lo que queda, Rosario.
No había vuelta atrás, la decisión no puede decir que fue simple, porque suponía renunciar a su matrimonio, a su familia, su hogar, pero estaba más que convencido de que era lo mejor, la elección que podía asegurarle un futuro a sus hijas, lejos del capricho de su madre, donde solo se interesaba en el qué dirán y el estatus al que deseaba aferrarse.
Si tenía que elegir entre vender su empresa, cederla a los Queen, aquello iba más allá de lo que él pudiera sentir, ese rechazo a Daniele Queen o el pensar que se burlaba de ellos en su propia cara, su decisión no estaba sujeta a un pensamiento irracional, lo había analizado detenidamente durante las últimas semanas y… necesitaba hacer lo mejor por su familia, no solo con su esposa.
Rechazaba la propuesta de Daniele Queen.
—Dime, Lorenzo. ¿Qué es lo que has decidido? Porque no creo que esto sea lo que tú deseas.
—Rosario, no es solo por mí— intentó acercarse a su esposa, pero esta se alejó con los pap