No pensó que ese viernes con una visita a la empresa se enterara de tantas cosas, nunca se imaginó verse con Paula, ni que las horas pasaran tan deprisa una vez que comenzaron a charlar. Quería regresar a casa cuanto antes, pero una cosa llevó a la otra y antes de darse cuenta estaba a solo un paso de ser grosero con ella, sin necesidad. Supo detenerse, tan solo marcar distancia y mantener la charla con ella, después se agradeció haberse quedado un tiempo más, dado que le sirvió de mucho hablar con ese amor de su juventud y lo que ocurrió aquella noche cuando su hermano y él cambiaron de lugar.
Al abrir la puerta, el aroma acogedor de la comida cocinándose lo saluda, una señal inequívoca de que es mucho más tarde de lo que había anticipado. La voz de Ana, siempre amable y reconfortante, confirma su tardanza
—Lo siento, Ana. Tardé más de lo que tenía pensado— pero cualquier atisbo de preocupación se disipa al escuchar los sonidos de juegos y risas provenientes del salón.
—Sus hermanos