Elevó su mirada de la documentación que revisaba con su asistente cuando tocaron la puerta. El pacífico pero amable Renzo ingresó con dos empleadas que llevaron café para ambos y unas galletas de mantequilla que parecían recién horneadas, o al menos así olían. El dulce aroma le recordó el olor de la piel de su esposa: lo tersa, lo delicada y suave que era, potenciado de gran manera con una fragancia que no había sido capaz de sacar de sus fosas nasales desde hace mucho tiempo y que, al fin, vo