—Déjame tocarte Ares, déjame tocarte —pidió.
Él tomó su mentón y le hundió dos dedos en su boca, mismos que ella chupó. Continuó con sus movimientos, con su roce y solo abrió grandes ojos cuando Ares se deslizó en el mismo sillón, moviendo su cuerpo conectado a él y tomándola de las nalgas con una mano y la otra aún sujetando con fuerza sus muñecas, le dio unas profundas y violentas estocadas. Melissa se perdió en el ritmo del caos, en la sensación de llenura y entonces la habitación dorada se