Sombras en mi Hogar.
Nadie se movía.
La sala estaba en silencio, pero no era un silencio tranquilo. Era uno de esos silencios que vibran, que se estiran demasiado, como si en cualquier momento fueran a romperse.
Noah respiraba contra mi pecho, lento, cansado, con el pulgar atrapado entre mis dedos. Dorian permanecía sentado en el sillón, recto, sin cruzar las piernas, con la calma de alguien que sabe que cualquier gesto de más puede encender una chispa.
Y Caelan seguía mirando por la ventana.
No parpadeaba, no se a