Mutismo.
El silencio de Vivienne no es ausencia de sonido, es presencia absoluta.
Lo entendí el día de la reunión legal.
No debería haber estado allí. No era parte formal del encuentro, no figuraba en la lista de asistentes ni tenía voz en las decisiones que se iban a tomar.
Mi presencia era una concesión elegante, una cortesía cuidadosamente calculada para que nadie pudiera acusarlos de exclusión abierta.
“Observadora”, dijeron.
“Transparencia”, dijeron.
La sala era amplia, fría, diseñada para que nada