Memoria Robada.
La lluvia no se detuvo, seguía cayendo contra los ventanales como si quisiera abrirse paso a la fuerza, como si la noche no estuviera dispuesta a dejarnos respirar después de todo lo que acabábamos de decir.
No solté la mano de Caelan, no podía.
Había algo en la forma en que sus dedos se aferraban a los míos que me decía que, si lo hacía, algo más se rompería.
Algo que tal vez no podríamos recuperar otra vez.
Su confesión todavía estaba suspendida en el aire.
El divorcio, la amenaza, su decisió