La Verdad que Llega Tarde.
El sonido constante contra los ventanales se había vuelto un fondo inquebrantable, como si la noche se negara a avanzar, como si el tiempo se hubiera detenido justo en ese punto donde la verdad empezó a abrirse paso entre nosotros.
Yo seguía sentada frente a él, no me había movido.
No porque no quisiera, sino porque sentía que cualquier movimiento, cualquier cambio mínimo, podía romper el frágil equilibrio que sostenía todo lo que acababa de escuchar.
Caelan tampoco se movía demasiado. Su prese