Memoria Dirigida.
Hay algo más perturbador que el olvido: la coherencia forzada.
Caelan ya no solo no me reconoce, ahora empieza a recordarse mal.
La primera vez que noté la contradicción fue en una conversación aparentemente trivial. Estábamos en la sala común del centro de mi oficina, una habitación diseñada para parecer doméstica: sillones neutros, iluminación cálida, libros estratégicamente colocados para sugerir normalidad.
Normalidad fabricada.
—El divorcio fue lo mejor —dijo él, mirando un punto impreciso