La Fractura Pública.
La mañana comenzó con una calma tan frágil que casi parecía una mentira.
La cocina estaba iluminada por una luz suave que entraba por las ventanas altas del comedor. Nora se movía con naturalidad entre la cafetera y la mesa, colocando tazas como si ese pequeño ritual doméstico pudiera mantener al mundo en su lugar.
Noah estaba sentado frente a su plato, balanceando los pies bajo la silla mientras hablaba con la seriedad absoluta que solo los niños pueden tener cuando creen que algo es extremada