La Cronología más Simple.
Siempre creí que el tiempo era una línea, no perfecta, no recta, pero al menos continua. Un antes, un durante, un después. Incluso cuando las cosas dolían, incluso cuando algo se rompía, la secuencia permanecía intacta.
Pasaba esto, luego aquello, y como consecuencia llegaba lo otro. Así funcionaban las historias. Así funcionaba la memoria, o al menos eso me había repetido durante años.
Hasta que intenté ordenarla.
La oficina estaba en silencio cuando empecé, no el silencio tenso de otros lugar