Cosas que no Encajan.
La oficina olía distinto cuando volví a usarla como antes.
No era un cambio concreto, no había un perfume nuevo ni un rastro evidente de algo ajeno. Era más bien la ausencia de otras capas: menos aire reciclado, menos desinfectante industrial, menos esa limpieza excesiva que siempre me había hecho pensar en vitrinas.
Aquí el polvo se acumulaba en los bordes altos de los estantes, el café se enfriaba sobre el escritorio sin que nadie viniera a retirarlo, y el ruido de la calle se colaba por una