Estancados.

Desperté con la sensación de que alguien había apagado el mundo mientras yo dormía.

La luz que entraba por la ventana no era fría ni cálida: era un recordatorio. Una línea blanca que atravesaba la habitación como un corte limpio, perfecto, que dividía lo que había sido de lo que no sabía cómo seguiría siendo.

Parpadeé un par de veces, la garganta me ardía, la cabeza no dolía tanto como debería después de haber bebido demasiado, pero el pecho, ese sí que ardía.

Una resaca emocional, esa era la ú
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