El Apellido no Está muerto.
El apellido volvió antes que las personas, no con comunicados, no con defensas públicas, no con campañas de limpieza de imagen.
Volvió de la única forma en que los apellidos realmente poderosos sobreviven: en las conversaciones privadas, en los matices del lenguaje, en la nostalgia cuidadosamente administrada.
Lo noté una mañana cualquiera, cuando recibí una llamada que no debería haber existido.
—Elara —dijo la voz al otro lado—. Hace años que no hablábamos.
Reconocí el nombre de inmediato: un