Cuerpos en Tregua.
La ansiedad no llegó como un ataque frontal, llegó como una acumulación.
Como si cada cosa que había leído, cada firma, cada cláusula cuidadosamente redactada hubiera decidido pesar al mismo tiempo.
Me desperté sin aire suficiente en los pulmones, con el corazón acelerado y una sensación extraña en el cuerpo, como si no terminara de pertenecerme.
No grité, no lloré al principio.
Me senté en la cama con los pies en el suelo, intentando recordar algo simple: el día, la hora, el lugar.
La habitaci