Desperté de golpe, como si una mano invisible me hubiera tirado del sueño. No hubo un ruido claro, no algo identificable. Fue más una vibración en el aire, un cambio en la temperatura, un presentimiento tan visceral que me dejó el corazón corriendo sin haber abierto los ojos por completo.
La habitación estaba envuelta en la oscuridad azulada de la madrugada. El reloj marcaba 3:03 AM, una hora que siempre me había incomodado desde niña, aunque nunca pude explicar por qué.
Me incorporé lentamente