20. El segundo juego será mia
Víktor
Jamás imaginé que el corazón pudiera doler tanto… No por un golpe, no por la cárcel, sino por la traición de quien pensé me amaba.
¡Maldita Kamila!
Creí que estaba atada a mí, que me amaba con la misma intensidad con la que yo la amaba, pero me equivoqué. Firmó los papeles sin temblar, sin mirar atrás, dejándome claro que lo nuestro había muerto. Ahora soy yo quien debe firmar el divorcio. La sentencia de un amor que terminó por asesinarme en vida.
Golpeé la pared de esta celda con furia.