Capítulo 12. Es una tregua.
Mis labios se curvaron apenas, dibujando una sonrisa escalonada.
—Paso. Me quedaré con Dostoievski.
—Él también era un adicto al borde del abismo —sus ojos me quemaron con intensidad—. Te va a gustar.
Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta. Se detuvo un instante, sin mirarme.
—Cierra por dentro cuando empiece la prueba —ordenó, y se fue.
Me quedé sola con el libro en la mano, un peso muerto. Lo abrí en una página al azar, leí dos líneas, pero no entendí nada. Gaspar había expulsado a Dostoie