—¿Cómo está ella? —le pregunté a la enfermera que salía de su habitación.
—Estable —miró el expediente—. Acaba de salir de un estudio, pero le informaremos más adelante.
—¿Y? —dije impaciente.
—Señor, debe de calmarse —ella me mira con una expresión neutra—. Por ahora ella está estable, puede pasar a verla.
—No, gracias —ella asintió y se fue.
Caminé de un lado a otro, pasando mis manos por mi cabeza. En eso llegó Dan junto a Jane, ambos lucían sumamente preocupados.
—¿Qué pasó? —preguntó agita