Mi cabeza daba vueltas y el aire se me hacía cada vez más escaso mientras Nick y yo estábamos pegados, con su aliento caliente acariciando mi boca, amasando mis labios con anhelo y desesperación.
Su boca buscaba la mía, y aunque deseaba dejarme llevar, la furia y la confusión me mantenían en pie de lucha.
—Nick... para —logré decir entre jadeos, alejándome apenas unos centímetros de él.
Mi corazón latía desbocado y cada palabra me costaba un esfuerzo monumental. Deseaba besarlo hasta morir de