Sentí que el teléfono de Nick sonó, él dejó de abrazarme y me removí inquieta, pero sentí que él se levantó y caminó hacia la ventana.
Intenté volver a dormir, pero sus susurros no me dejaban, hasta que algo de lo que escuché me puso alerta.
—¿Qué carajos me estás diciendo? —espetó molesto y mantuve mi postura de “dormida”—. Ya lo sé… está dormida… Avísale que lo veré en mi oficina… No, veré cómo lo resuelvo. Tú solo haz tu trabajo.
Lo escuché maldecir y dar unos pasos, sentí la cama hundirse p