Emma
Nick estaba tenso, y yo también.
El muy idiota me había tratado con frialdad e indiferencia, y eso me molestaba profundamente.
Cada vez que mostraba un destello de preocupación, me sentía irritada. Era como si no pudiera decidir si quería ser mi protector o mi verdugo.
Nick era como un maldito libro cerrado.
Yo podía ser obstinada, pero su actuación de preocupación aquel día que me había rescatado había golpeado fuertemente mi pecho.
Me reproché a mí misma por ser tan tonta e ilusa.
Mi