Aquella pregunta inocente caló más hondo de lo que debería. Lucía miró la pantalla de su teléfono y luego levantó la vista hacia Mateo, quien limpiaba la mesa dándole la espalda. ¿De verdad nos hemos odiado desde siempre? Hacía poco acababa de mostrarse cariñoso ante millones de personas; incluso su marido por contrato, por puro reflejo, le había brindado una protección que se sintió tan real. Sin embargo, para alguien que realmente la conocía, eso debía parecer imposible de creer.
Los dedos de