Mateo bajó un poco el teléfono y miró a Lucía desde la cama mientras arqueaba una ceja. —¿Qué clase de reglas? ¿Acaso no habíamos acordado compartir la habitación para que el personal y los demás en esta casa no sospecharan nada?
—Compartir habitación no significa compartirlo todo sin límites, Mateo —dijo Lucía, poniéndose en pie y acercándose al pie de la cama, manteniendo una distancia prudente. Señaló la gigantesca cama cubierta por sábanas de seda gris de primera calidad—. Lo dejé claro des