AMBER PIERCE
No pude dormir en toda la noche y no por mis bebés, que en realidad se portaron de maravilla, durmiendo profundamente y solo ronroneando incómodos cuando querían un poco de leche. Desde las cuatro de la mañana me quedé sentada en el borde de la cama, viendo el vestido que el señor Duval había mandado para mí.
Byron jamás lo había mencionado. ¿De dónde había salido?
—No te preocupes, cuidaré de ellos, además Jazmín se quedará a ayudarme —dijo mi madre mientras yo terminaba de ajusta