JAZMÍN HERRERA
—Te ves bien —dijo Dylan en cuanto me planté frente a él. La presión en el pecho no me dejaba respirar.
Cuando por fin salimos del hospital nuestros caminos se separaron sin largas despedidas y sin promesas. Como si ninguna confesión se hubiera dado.
—Desapareciste —dije ocultando el rencor en mi voz—. Simplemente te fuiste y…
—No desaparecí, permanecí atento a Amber, aunque me di cuenta de que mis llamadas y mis visitas esporádicas no eran suficiente para consolarla —contestó en