JAZMÍN HERRERA
La oficina de Anthony en el casino principal era enorme y con un aura fría y escalofriante, demasiado blanco y dorado, demasiada pretensión. Aún recordaba cuanto tiempo me había quedado frente a su retrato, porque sí, tenía un enorme retrato en medio de todo, detrás de su escritorio, parecía hecho al óleo con un marco dorado.
Fue lo primero que quité y lo mandé a quemar. Me quedé hasta que el marco de madera se convirtió en cenizas.
—¿Crees que es lo correcto? —preguntó Steve cr