JAZMÍN HERRERA
—Dylan… —El nudo en mi garganta no me dejaba hablar. Entonces él levantó la mano.
—No necesito que me consueles ni que me digas nada, no es mi intención meterte en un aprieto existencial —contestó con un suspiro apesadumbrado antes de regresar su atención hacia los escombros—. Además, no me gusta la lástima.
Dio un par de pasos más y se detuvo con una sonrisa arrogante, pero cansada.
—Y no te confundas, Nallely solo es una encantadora latina que se convirtió en mi copiloto. Gan